“En ese lugar entre despertar y los sueños, me encontré en la habitación. No había características distintivas excepto por una pared cubierta por archivos de fichas pequeñas. Eran como las que hay en librerías que enlistan los títulos por autor o sujeto en orden alfabético. Pero estas fichas, que se alargaban del piso al techo y aparentemente sin fin en cualquier dirección, tenían títulos muy diferentes. Conforme me acercaba hacia la pared de fichas, la primera que llamó mi atención fue una que leía “Mujeres que me han gustado.” La abrí y empecé a pasar las fichas. Rápidamente la cerré, perplejo al ver que reconocía los nombres escritos en cada ficha. Y luego sin que me lo hicieran saber, supe exactamente donde estaba. Este cuarto sin vida con sus pequeñas fichas era un crudo sistema catalogado de mi vida. Aquí estaba escrito las acciones de cada momento, pequeñas y grandes, en un detalle que mi memoria no podía igualar. Un sentido de maravilla y curiosidad , junto a horror, se mezcalb...
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