Corrie Ten Boom, la preciosa santa que sufrió un trato cruel e inhumano en el campo de concentración de Alemania, había hablado recientemente en una iglesia en Munich. Después, se quedó sorprendida de ver que su antiguo captor se le acercó. Sintió que su corazón dejó de latir cuando él se le acercó, le extendió la mano, y se presentó como uno de los guardias en Ravensbruck. Desde la guerra él se había convertido al cristianismo, él dijo: -Yo sé que Dios me ha perdonado por las cosas crueles que hice allí- confesó-, pero me gustaría escucharlo también de sus labios-luego, con la mano extendida, le preguntó en forma directa-, ¿Me podría perdonar? Corrie describió los pensamientos que corrieron por su mente en ese momento: Y yo quedé allí de pie, yo cuyos pecados tenían que ser perdonados a diario, y no podía. Betsie había muerto en ese lugar, ¿podría él borrar su lenta y terrible muerte, sólo con preguntar? No pudieron haber sido muchos segundos los que él...